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La Tertulia Femenina Gaditana

Febrero 8, 2010 · Sin Comentarios

   

Frasquita Larrea

Frasquita Larrea

            

Dejando a un margen el origen y la fecha de inicio de la tertulia, como actividad intelectual en la España de los siglos XVIII y  XIX, lo que si sabemos es que la tertulia en Cádiz comienza a existir hacia los años setenta del siglo XVIII, teniéndose constancia de la tertulia de Don Antonio de Ulloa, marino muy ilustrado y hombre de su tiempo, que celebraba una interesante tertulia en una de las librerías “cerca del pópulo” de su propiedad. En ella parece ser que se reunían hombres, en su mayoría, interesados en el saber. Sin embargo, resulta muy interesante el que se mencione, como una tertuliana  asidua a esta tertulia, a  la poetisa María Gertrudis de Hore (1742-1801) mujer culta, primero seglar y después religiosa, que también frecuentó la tertulia madrileña del más alto nivel. Lo que resulta cierto es que en Madrid, casi la práctica totalidad de las tertulias, eran frecuentadas por hombres, aunque además existieron salones famosos presididos por damas, pero la presencia femenina, como miembro activo de la tertulia, era muy escasa, diríamos que excepcional.

                Es en Cádiz, en torno a comienzos del siglo XIX, cuando se consideraba a esta ciudad como la más cosmopolita y liberal de España, en parte debido a la existencia de una clase media ilustrada numerosa, cuando se instituyó la tertulia, que surgiría a partir de la costumbre de visitar a las personas en sus casas. La clase comerciante era extrovertida y gustaba de las relaciones sociales, eso sí sin perder el derecho a la intimidad. Además hay que mencionar que para un comerciante, como es el caso de la mayoría burguesa gaditana, son muy importantes las relaciones sociales y que mejor sitio que además de estar al día en temas de actualidad, poder establecer relaciones beneficiosas para el negocio. Algunas tertulias, curiosamente comienzan a celebrarse en cafés y boticas, sin embargo las que tuvieron más fama por su trascendencia, fueron las femeninas, cosa que además de constituir una novedad en lo referente a la presencia femenina como tertuliana, también lo era en lo relativo a su origen, ya que se formaron en torno a una mujer suficientemente preparada a nivel intelectual y con unas dotes de elocuencia y buena expresión verbal que sobresalían como virtudes femeninas, incluso sobre la belleza. Este concepto de mujer culta y buena conversadora es un precedente digno de comentar para el género femenino, ya que la belleza era el primer aspecto que se comentaba a la hora de definir o catalogar a una determinada mujer, aspecto nada meritorio para ser una buena tertuliana.

                La tertulia gaditana es fundamentalmente importante en las dos primeras décadas del siglo XIX, ya que los sucesivos acontecimientos políticos, unido a la llegada de visitantes extranjeros a la ciudad, provocaron una heterogénea asistencia, además del  intercambio de distintas opiniones y puntos de vista en los temas abordados en estas tertulias.

                Hubo quienes consideraban que “las tertulianas” denigraban con su presencia e intervención el nivel de concepción de la tertulia, ya que sus “temas” de conversación eran “domésticos a la par de frívolos y sin consistencia”, sin embargo en Cádiz no fue así, ya que las mujeres que asistían a estos encuentros tenían diferente formación intelectual y política e incluso eran de diferente credo y origen, por lo que los llamados temas femeninos no eran los preferentes. De hecho la Tertulia junto a la publicación literaria, se podría decir que son las formas más contundentes que emplea la mujer para visualizarse como persona dentro de una sociedad que le ha negado su sitio e importancia. Este punto de encuentro además de servir para mejorar y ampliar espacios en el conocimiento, se convierte en un espacio de libertad femenina, un lugar donde la mujer se encuentra libre de las trabas que hasta ahora le habia impuesto la educación, la enseñanza, la propia familia y la sociedad en la que vivía.

                De las tertulias gaditanas del momento, conocemos como en algunas de ellas también se celebraban sesiones de entretenimiento con juegos de mesa, como las que se realizaban en casa de la Marquesa de Pontejos , donde acudían los aristócratas de la Corte que se habían refugiado en Cádiz, entre ellos Híjar, Salvatierra, Iturbieta y lógicamente Don Fernando de Silva, Marqués de Pontejos, así como en la casa de la mujer del abogado N.Ayesa.

 

Sin embargo, las más brillantes resultaron ser la de Doña Margarita López de Morla y la de Doña Frasquita Larrea. Estas Tertulia además de tener un notable nivel político e intelectual por sus contertulios y contertulias, eran de signo político diferente y contrario, lo cual sin lugar a dudas aportaba un aliciente más a la hora de intervenciones en aquellos encuentros que tuvieran lugar, y sobre todo demostrarían la diversidad de opciones y posturas ideológicas que convivían en el espacio gaditano del siglo XIX

Antonio Alcalá-Galiano, en sus “Recuerdos de un Anciano”  describe la tertulia de Doña Margarita de Morla de la siguiente forma. “De muy diversa clase era la reunión, corta en número, modesta en la apariencia, pero un tanto rica por el valor de quienes la componían, que formaba todas las noches la sociedad de la señora doña Margarita López de Morla, mujer de singular entendimiento e instrucción vasta, educada en Inglaterra, aficionada a estudios serios, de agradabilísimo trato, y hasta ajena de pedantería….” A juicio del autor, Doña Margarita era realmente fea pero poseía, y eso lo añade como un detalle de coquetería femenina, una exquisita colección de encajes, que al parecer los usaba para decorar sus cofias. Fumaba con frecuencia puros habanos y se decía de ella que se parecía a la mismísima Madame Staël, famosa escritora francesa. Las tertulias de Doña Margarita se ven interrumpidas en 1811 debido a su traslado a Jerez. Aunque continuaron allí. Es importante mencionar que Benito Pérez Galdós, narra en sus célebres “Episodios Nacionales”, como transcurrían las tertulias, mencionando a dos señoras, Doña Flora y La Condesa Amaranta,  personajes “novelescos” en su episodio “Cádiz”

                Coetánea a esta misma tertulia, existió la tertulia de Doña Francisca Javiera Ruiz de Larrea y Aherán [1775-1838], conocida como Frasquita Larrea. Gaditana y procedente de una familia acomodada, de la que fue hija única. Doña Frasquita tuvo una educación cuidada, eso si muy religiosa, y completó su preparación viajando y aprendiendo idiomas, que hablaba con gran soltura.

Casó a la edad temprana de 20 años con Nicolás Bóhl de Faber, protestante y comerciante hamburgués. Debido a su boda se traslada a Alemania, allí nació su hija Cecilia, poetisa importante que adoptaría el nombre de Fernán Caballero para poder ejercer libremente su profesión.

                A comienzos de 1800 volvería a Cádiz e iniciaría las primeras tertulias, que se cortaron por su vuelta a Alemania, donde se hacen patentes sus desavenencias matrimoniales. A consecuencia de ello se volvió sola a España, instalándose en Chiclana. Debido a su fuerte afán por saber y a su espíritu luchador, sus experiencias la enriquecieron como mujer e intelectual. Conocemos en buena parte sus gustos literarios y filosóficos, lo que le originó un enfrentamiento con su marido, debido a la fuerte reivindicación que Frasquita hizo de la escritora inglesa feminista Mary Wollstonecraft y de la francesa Madame Stael.

                Gracias a la amistad con el general francés Villate, regresó a Cádiz  en 1811, donde mantendría una tertulia directamente contraria en pensamiento a la de Margarita de Morla, ya que Frasquita, se manifestaba acérrima defensora de la monarquía absolutista de Fernando VII y sus escritos le acarrearán problemas con la censura. Tras un corto viaje a Alemania regresa con su marido, reanudando ambos la actividad cultural, convirtiéndose en introductores del movimiento romántico en el país. Escritora y traductora, demuestra la existencia de un nuevo sentir en la mujer de comienzos de siglo, que tendrá su correspondencia en otras mujeres, que poco a poco irán abriendo camino a espacios vetados, para los que hasta entonces se había mostrado conformista, con algunas excepciones.

 

Por Ana María Gordillo Acosta

Etiquetas: General

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